No toda literatura es buena literatura: qué debe leer un escritor para escribir mejor

Mujer joven seleccionando libros sobre una mesa de trabajo, en un ambiente de lectura y reflexión, como símbolo de la importancia de elegir buena literatura para aprender a escribir.

Quien desea escribir cuentos o novelas recibe casi siempre el mismo consejo: debe leer mucho. El consejo es correcto, pero está incompleto. No basta con leer una gran cantidad de novelas y cuentos. Para aprender a escribir bien es necesario leer, sobre todo, buena literatura.

Existe una confusión bastante extendida. Se piensa que una novela, por el solo hecho de ser una novela, ya constituye una lectura valiosa para la formación de un escritor. Lo mismo ocurre con los cuentos. Sin embargo, que un texto haya sido publicado, ocupe un lugar destacado en una librería o se encuentre entre los más vendidos de Amazon no significa necesariamente que posea calidad literaria.

Esto tampoco quiere decir que todos los libros de gran éxito comercial sean malos. Existen obras excelentes que han alcanzado millones de lectores. Pero conviene tener en cuenta que las ventas miden la popularidad de un libro, no su calidad literaria.

Leer mucho y leer buena literatura no son lo mismo

Un libro puede entretener, mantener la curiosidad durante varias horas y olvidarse poco después. Otra obra, en cambio, puede continuar dando vueltas en la mente del lector mucho tiempo después de haber sido cerrada.

La primera quizá permita pasar un buen momento. La segunda transforma de alguna manera la sensibilidad, la inteligencia o la forma de comprender a los seres humanos.

Para evaluar qué obras que hemos leído han sido obras de alta calidad literaria, basta con preguntarse cuáles nos han transformado, cuáles, aunque sea mínimamente, han marcado un antes y un después en nuestras vidas.

Para quien desea convertirse en escritor, esta diferencia es fundamental.

Por otro lado, el contacto frecuente con una prosa descuidada, personajes sin aristas, explicaciones innecesarias o diálogos que no suenan naturales, puede terminar naturalizando esos defectos que al ser absorbidos por el aspirante a escritor malogran indirectamente su propia obra. Al contrario, la lectura constante de buenas obras permite desarrollar el oído literario y reconocer, incluso de manera intuitiva, cuándo una frase posee ritmo, cuándo una escena transmite una emoción verdadera o cuándo un escenario logra ser más que mero decorado de fondo y ayuda a sumergirnos en la acción.

Leer buena literatura no sustituye el estudio de las técnicas narrativas, pero permite contemplarlas en funcionamiento.

Características de una obra de calidad literaria

Es posible reconocer algunos elementos que suelen estar presentes en las buenas obras literarias, como, por ejemplo:

Una prosa precisa y depurada

Una buena prosa no es una prosa adornada ni llena de palabras difíciles. Es aquella en la que las palabras han sido escogidas con cuidado.

Puede ser sencilla o compleja, lenta (usando verbos en pasado y oraciones largas) o veloz (utilizando verbos en presente y oraciones cortas), poética o coloquial.

Lo importante es que en una obra adecuadamente escrita, las frases no solo proporcionan información clara, también, y sobre todo, suenan bien al oído; como si las palabras navegaran al vaivén de una melodía subyacente.

Personajes complejos y creíbles

Los personajes de calidad nunca son completamente buenos o completamente malos. Los personajes bien construidos cometen errores. Poseen deseos de los que se avergüenzan. Temores que los paralizan. Luchan contra sus contradicciones y hay zonas de su personalidad que ni ellos mismos comprenden.

Una novela poco elaborada puede afirmar directamente que un personaje es egoísta, cruel o generoso. Una buena novela, en cambio, permite descubrir la forma de ser del personaje a través de sus decisiones, palabras, silencios, pensamientos y relaciones con los demás.

El escritor no entrega el juicio ya terminado. Presenta los elementos necesarios para que el lector construya ese juicio.

Una participación activa del lector

La mala literatura nos ofrece toda la información masticada y digerida. Nos dice qué es bueno, qué es malo, y la conclusión a la que debemos llegar.

La buena literatura, en cambio, deja espacios que deben ser completados mediante la sensibilidad, la experiencia y la inteligencia del lector.

Es decir, en lugar de decir cómo es algo, le da pistas al lector que le permitan, por sí mismo, llegar a sus propias conclusiones.

Una mirada que se desvía, una respuesta que no llega o un objeto que aparece repetidamente pueden revelar más que un párrafo dedicado a explicar qué siente un personaje. Allí comienza la relación verdaderamente interactiva entre la obra y quien la lee.

Capacidad para emocionar y hacer pensar

Una obra de calidad puede provocar alegría, miedo, compasión, deseo, incomodidad o tristeza. Sin embargo, la emoción no se encuentra aislada del pensamiento.

Las mejores obras no solo cuentan lo que les sucede a unos personajes. También plantean preguntas sobre el amor, el poder, la soledad, la libertad, la injusticia, la muerte o la identidad.

No ofrecen necesariamente una respuesta. En muchos casos, su mayor valor consiste en motivar al lector a formularse preguntas que nunca antes había considerado.

Coherencia y necesidad

En una obra bien construida, cada escena, cada oración, cada palabra y cada coma, cumple alguna función. Ayuda a desarrollar un personaje, modifica la trama, crea tensión, anticipa un conflicto o cambia la manera en que se interpreta lo sucedido.

Esto no significa que todo deba estar al servicio de una acción vertiginosa. Una pausa, una descripción o una conversación cotidiana pueden ser indispensables. Pero no deben estar allí por descuido, sino porque forman parte del sentido de la obra.

Leer como lector y leer como escritor

La lectura literaria puede proporcionar placer, compañía y conocimiento. Sin embargo, quien desea escribir necesita desarrollar además una segunda forma de lectura.

Leer como escritor implica observar cómo está construida la obra.

Conviene preguntarse cómo se presenta al protagonista, en qué momento aparece el conflicto, qué información se oculta, cómo se diferencian las voces de los personajes, de qué manera aumenta la tensión o por qué una determinada escena resulta conmovedora.

También conviene estudiar aquello que no funciona. Una novela imperfecta puede enseñar mucho cuando se logra identificar por qué pierde el interés, por qué un personaje no resulta creíble o por qué una explicación interrumpe la historia.

Como se explica en el artículo Cómo leer para potenciar la escritura de novelas, cada obra puede convertirse en una clase práctica cuando la atención no se concentra únicamente en qué se cuenta, sino también en cómo se cuenta.

Libros recomendados según los gustos y el nivel de lectura

No existe una lista que funcione de la misma manera para todos. Una persona que disfruta la ciencia ficción puede abandonar rápidamente una novela realista, mientras que otra puede sentirse incómoda ante la literatura fantástica.

La formación literaria debe considerar los gustos personales, pero también aumentar progresivamente el nivel de reto intelectual.

Lecturas para quienes están comenzando

Para iniciarse en la literatura amorosa puede resultar apropiada La tregua, de Mario Benedetti, una novela de prosa clara y gran profundidad emocional. Entre los cuentos, Cuentos de amor de locura y de muerte, de Horacio Quiroga, permite acercarse a historias intensas construidas con economía narrativa.

Para quienes prefieren el terror, una excelente entrada se encuentra en las Narraciones extraordinarias, de Edgar Allan Poe. En ellas se puede observar la creación de atmósferas, la dosificación de la información y la progresión del miedo.

Dentro de la novela realista, Cinco esquinas, de Mario Vargas Llosa, ofrece una narración accesible que combina conflictos privados, corrupción, periodismo y vida política.

En narrativa erótica puede leerse Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, una novela que no se limita a describir encuentros sexuales, sino que explora también el deseo, la dependencia y las transformaciones de la protagonista.

Lecturas para un nivel intermedio

Cuando ya existe cierta experiencia lectora, es posible avanzar hacia obras que exigen una mayor atención al lenguaje, los símbolos y la estructura.

Dublineses, de James Joyce, permite estudiar el cuento realista, la revelación interior y la manera en que una vida entera puede quedar sugerida mediante un episodio aparentemente cotidiano.

Bestiario, de Julio Cortázar, muestra cómo lo extraño puede introducirse lentamente en la vida diaria sin necesidad de explicaciones excesivas.

Ficciones, de Jorge Luis Borges, exige una lectura más atenta, pero enseña a construir relatos alrededor de una idea, una paradoja o una pregunta intelectual.

La trilogía de Nueva York, de Paul Auster, combina la intriga detectivesca con una reflexión sobre la identidad, el lenguaje y el propio acto de narrar.

Para quienes se inclinan por la ciencia ficción, la trilogía La cuna, integrada por Xinthia, Ellas y Tiempo, combina colonización de Marte, inteligencia artificial, intriga policial, viajes espaciales, conflictos políticos y complejas relaciones humanas.

Dentro de la obra de Haruki Murakami, Tokio blues constituye una entrada más accesible que sus novelas extensas y fantásticas. Su aparente sencillez permite estudiar el tono, la melancolía y la construcción emocional de los personajes.

Lecturas para un nivel avanzado

Algunas obras requieren más tiempo, conocimiento de la tradición literaria o disposición para aceptar estructuras que se alejan de la narración convencional.

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, exige seguir varias generaciones, nombres que se repiten y una concepción circular del tiempo.

Rayuela, de Julio Cortázar, invita a cuestionar el orden de lectura y la relación entre el autor, la obra y el lector.

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, permite acercarnos a una parte fundamental de la tradición narrativa moderna y entender cómo las series de streaming modernas, para mantenernos enganchados durante años, capítulo tras capítulo, se basan en el esquema narrativo inventado por Cervantes.

Ulises, de James Joyce, constituye uno de los mayores desafíos de la narrativa del siglo XX por su experimentación con el lenguaje, los puntos de vista y la representación del pensamiento.

Finalmente, 1Q84, de Haruki Murakami, plantea una dificultad diferente: sus mundos paralelos, sus símbolos, la variante japonesa del realismo mágico y la sutil convergencia de varias líneas narrativas, demandan paciencia y un lector experimentado.

Estas categorías son aproximadas. Un lector principiante puede sentirse fascinado por una obra compleja, mientras que un lector experimentado puede encontrar dificultades en un libro aparentemente sencillo. Lo importante es no convertir la lectura en un examen. La idea es disfrutar y, en el camino, aprender a escribir mejor.

Y sin perder de vista, por supuesto, que la literatura no debe ser la única fuente de conocimiento del escritor. Como se desarrolla en Por qué los escritores deben leer más allá de la literatura, la historia, la ciencia, la política, la sociología y otros campos permiten comprender mejor el mundo que luego será representado en la ficción.

No se trata de leer más, sino de aprender a elegir

Leer siempre será una actividad valiosa. Sin embargo, cuando existe el propósito de escribir cuentos o novelas, conviene escoger las lecturas con un criterio más exigente.

No toda literatura posee la misma calidad. No todo libro exitoso enseña a construir personajes, trabajar el lenguaje o confiar en la inteligencia del lector.

La buena literatura educa la sensibilidad sin presentarse como una lección. Enseña mediante su prosa, su estructura, sus personajes y sus silencios. Obliga a participar, a interpretar y, muchas veces, a releer.

Quien desea escribir necesita muchos libros. Pero necesita, sobre todo, libros capaces de mostrar hasta dónde puede llegar la literatura.

Para conocer la metodología del Taller Internacional de Escritura Narrativa y participar en una primera clase, puede solicitarse una sesión sin costo.

🖋️ Artículo escrito por:
José Alejandro Felipe Valencia-Arenas Abruzzese
Director del Taller Internacional de Escritura Narrativa
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