El título perfecto para un cuento o una novela

Escritor latinoamericano selecciona posibles títulos para una obra junto a un manuscrito, en un estudio con paisaje nevado.

Antes de leer la primera línea de una obra, se produce un encuentro con su título. Junto con la portada, suele ser la primera invitación que recibe quien observa un libro en una librería, una biblioteca o una página de Amazon.

Un buen título no puede convertir una mala obra en una buena obra, pero sí puede despertar curiosidad, sugerir una atmósfera y permanecer en la memoria. También puede ayudar a que un cuento o una novela encuentre a quienes podrían interesarse en su lectura.

En algunos casos, el título aparece antes de empezar a escribir; en otros, durante la escritura o únicamente cuando la obra está terminada. Ninguno de estos procesos es superior. El problema de cómo elegir el mejor título para un cuento o una novela no tiene una única respuesta, pero existen varios recursos que pueden facilitar la decisión.

¿Qué debe conseguir un buen título literario?

Un título eficaz suele cumplir varias de estas funciones:

  • Guardar una relación significativa con la obra, aunque esa relación solo se comprenda por completo después de leerla.
  • Despertar una pregunta, una emoción o una imagen.
  • Ser fácil de recordar y pronunciar.
  • Corresponder al tono y al género de la historia.
  • Distinguir la obra sin explicar demasiado ni revelar aquello que debería descubrirse durante la lectura.

Un título puede ser claro o misterioso, breve o extenso, descriptivo o ambiguo, pero lo importante es qué efecto produce y si ese efecto corresponde a la obra que anuncia.

Mirar la propia biblioteca

Una de las maneras más útiles de encontrar ideas consiste en observar los libros que ya se han comprado y preguntarse por qué llamaron la atención.

Conviene separar mentalmente el conocimiento posterior de la primera impresión. Antes de saber si el libro era bueno, ¿qué prometía su título? ¿Producía curiosidad? ¿Formaba una imagen? ¿Planteaba un conflicto? ¿Tenía una musicalidad particular? ¿Parecía corresponder al género que se buscaba?

No se trata de copiar la estructura de un título conocido, sino de descubrir qué mecanismos han resultado eficaces. Esta observación será tanto más provechosa cuanto mayor sea la calidad de las obras examinadas, como se desarrolla en No toda literatura es buena literatura: qué debe leer un escritor para aprender a escribir.

Escribir muchas opciones y dejar que descansen

Esperar pasivamente el título perfecto suele ser menos eficaz que producir numerosas posibilidades. Se pueden escribir todas las opciones que se le ocurran a uno, incluso aquellas que al principio parezcan débiles, exageradas o extrañas.

Durante esta primera etapa no conviene juzgar demasiado. La finalidad es generar material. Después, la lista puede dejarse descansar unos días. Esa distancia permite volver a leerla con menos apego y eliminar los títulos genéricos, confusos o poco fieles al texto.

El procedimiento puede repetirse varias veces hasta conservar un grupo pequeño. Entonces conviene formular algunas preguntas:

  • ¿Se recuerda varias horas después de haberlo leído?
  • ¿Suena natural al pronunciarlo en voz alta?
  • ¿Promete una obra distinta de la que realmente se ha escrito?
  • ¿Revela demasiado sobre el argumento o el desenlace?
  • ¿Podría pertenecer indistintamente a cientos de libros?

La misma lógica de producir alternativas, en vez de esperar una inspiración milagrosa, puede encontrarse en Inspiración para escribir cuentos: cómo encontrar una idea.

Pedir sugerencias a quienes ya leyeron la obra

Quienes han leído el cuento o la novela pueden advertir elementos que pasaron inadvertidos durante la escritura: una imagen recurrente, una frase especialmente significativa, un conflicto secundario que resume el conjunto o una emoción que permanece después del final.

Por eso, puede ser muy útil explicar que la obra todavía no tiene un título y solicitar varias propuestas. Un familiar, una amistad, la pareja o un grupo de lectura pueden ofrecer posibilidades inesperadas.

La decisión final, por supuesto, no necesita tomarse por mayoría de votos. Una sugerencia puede adoptarse, modificarse o servir como punto de partida para otra completamente distinta. El verdadero valor de la consulta consiste en descubrir qué aspectos de la obra permanecieron en la mente de quienes la leyeron.

Observar cómo se titulan las obras del mismo género

Cada género crea ciertas expectativas. Los títulos de novelas románticas suelen sugerir una relación, un deseo, una ausencia o una pérdida. Los títulos de terror pueden anunciar una amenaza, un espacio inquietante o una presencia anómala. Los de la novela policial suelen relacionarse con un crimen, una víctima, un enigma o la persona que investiga.

Examinar títulos del mismo género permite reconocer qué clase de promesa espera encontrar el público. Sin embargo, reconocer una tradición no significa someterse a ella. El equilibrio consiste en orientar sin caer en el cliché: permitir que se intuya qué clase de experiencia ofrece la obra, pero conservar algún elemento propio.

¿Qué aspecto de la obra puede convertirse en título?

El personaje central

El nombre del personaje principal puede bastar cuando toda la obra parece irradiar desde esa figura. Es el caso de Xinthia: la protagonista ocupa el centro de la novela y su nombre singular permite identificarla y recordarla.

Un título de una sola palabra puede tener una gran fuerza, siempre que esa palabra resulte significativa.

El tema

Otra posibilidad consiste en nombrar el asunto profundo alrededor del cual se organiza la historia. Tiempo, tercera novela de la trilogía La Cuna, utiliza una sola palabra porque el tiempo no es únicamente un componente del argumento: es el tema que atraviesa la obra y orienta su sentido.

Esto no significa que el título deba explicar la tesis del libro. Basta con que abra una puerta hacia aquello que la narración explora. La diferencia entre argumento y tema se desarrolla con mayor amplitud en La importancia del tema en la literatura.

Una expresión que intrigue o desconcierte

El nombre de la rosa, de Umberto Eco, no anuncia una abadía medieval, una biblioteca laberíntica ni una investigación criminal. Eco explicó en sus apostillas que deseaba un título capaz de «confundir las ideas, no regimentarlas». La rosa acumulaba tantos sentidos simbólicos que impedía imponer una sola interpretación. El título no carece de relación con la novela, pero se resiste a encerrarla en una explicación.

Una frase que sorprenda

Mientras agonizo, de William Faulkner, llama la atención desde su aparente sencillez. La expresión suena como una declaración en primera persona pronunciada desde el límite mismo de la vida. ¿Quién puede contar algo mientras agoniza? El título produce una pequeña perturbación al plantear una situación difícil de ignorar.

¿Cuántas palabras debe tener el título de un libro?

No existe un número obligatorio. Sin embargo, muchos títulos memorables rondan las cuatro, cinco o seis palabras. Travesuras de la niña mala y La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, tienen cinco palabras. También tiene cinco Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez. La fiesta del Chivo y Elogio de la madrastra tienen cuatro.

La brevedad facilita la recordación, pero no constituye una ley. Un título extenso puede sobresalir precisamente porque rompe la pauta. La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, de García Márquez, posee catorce palabras. Su longitud forma parte de su encanto: anticipa una voz exuberante, presenta a las dos figuras centrales y resume el conflicto entre la candidez de una y la crueldad de la otra.

La pregunta adecuada no es si el título es corto o largo, sino si cada palabra contribuye a su efecto. Si al retirar una palabra gana fuerza, probablemente esa palabra no era necesaria.

Cómo elegir el título de un libro de cuentos

Un libro de cuentos presenta una dificultad adicional: el título debe cobijar obras distintas. Existen tres caminos especialmente útiles:

  1. Adoptar el título de uno de los cuentos. Suele elegirse el cuento con mayor fuerza, el más representativo o aquel cuyo título puede extender su resonancia sobre el conjunto.
  2. Nombrar el elemento común. Puede tratarse de un tema, un espacio, una época, una clase de personaje o una imagen que aparezca de distintas maneras.
  3. Crear un título nuevo para el volumen. Aunque esa expresión no pertenezca a ningún cuento, puede comunicar la atmósfera o el sentido general del libro.

No es necesario que todos los cuentos respondan literalmente al título. Sí conviene que, después de leer el volumen, pueda comprenderse por qué esas historias fueron reunidas bajo ese nombre.

El título es la primera puerta de la obra

Encontrar el título idóneo no consiste únicamente en resumir el argumento ni en fabricar una frase llamativa. El título promete una experiencia, insinúa una atmósfera y propone una primera pregunta. A veces bastará el nombre de un personaje; otras veces será preferible señalar el tema o provocar desconcierto. Lo esencial es que, después de terminar la lectura, parezca pertenecerle a esa obra y no a cualquier otra.

En el Taller Internacional de Escritura Narrativa se acompaña de manera personalizada el proceso de creación y corrección de cuentos y novelas. Para conocer la metodología, puede solicitarse una sesión introductoria sin costo ni compromiso.

🖋️ Artículo escrito por:
José Alejandro Felipe Valencia-Arenas Abruzzese
Director del Taller Internacional de Escritura Narrativa
https://escrituranarrativa.org/jose-alejandro-valencia-arenas
https://mybook.to/Xinthia
https://www.tiktok.com/@valencia.arenas.autor

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